| Granada
tiene dos ríos, ochenta campanarios, cuatro mil acequias, cincuenta
fuentes, mil y un surtidores, y cien mil habitantes. Tiene una fábrica
de hacer guitarras y bandurrias, una tienda donde venden pianos y acordeones
y armónicas y sobre todo tambores. Tiene dos paseos para cantar,
el Salón y la Alhambra, y uno para llorar, la Alameda de los Tristes,
verdadero vértice de todo el romanticismo europeo, y tiene una legión
de pirotécnicos que construyen torres de ruido […] que han de irritar
al agua cuadrada de los estanques. […] Y si en Sevilla el elemento humano
domina el paisaje y entre cuatro paredes se pasean Don Pedro y Don Alonso
y el duque Octavio de Nápoles y Fígaro y Mañara, en
Granada se pasean los fantasmas por sus dos palacios vacíos, y la
espuela se convierte en una hormiga lenta que corre por un infinito pavimento
de mármol, y la carta de amor en un puñado de hierba y la
espada en una mandolina delicada que sólo arañas y ruiseñores
se atreven a pulsar. |
Granada possiede due fiumi,
ottanta campanili, quattromila ruscelli, cinquanta fontane, milleuna fontanelle
e centomila abitanti. Ha una fabbrica di chitarre e bandurrias [piccole
chitarre a 6 o 12 corde, ndr], un negozio di pianoforti, armoniche,
fisarmoniche e, soprattutto, tamburi. Ha due viali per cantare, il Salón
e la Alhambra, e uno per piangere, l’Alameda de los Tristes, vera cuspide
di tutto il romanticismo europeo; ed ha una legione di pirotecnici che
costruiscono torri di rumore […] che irritano l’acqua quadrata degli stagni.
[…] E mentre a Siviglia l’elemento umano domina il paesaggio e vi passeggiano,
fra quattro pareti, Don Pedro e Don Alonso e il duca Ottavio di Napoli
e Figaro e Mañara, nei palazzi vuoti di Granada passeggiano i fantasmi
e lo sperone diventa una lenta formica che corre su un infinito pavimento
di marmo e la lettera d’amore un pugno d’erba e la spada un delicato mandolino
che soltanto ragni ed usignoli osano pizzicare. |