da Federico García Lorca...
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Intervista di José R. Luna, 1934
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Fue por el año 1906. Mi tierra, tierra de agricultores, había sido siempre arada por los viejos arados de madera, que apenas arañaban la superficie. Y en aquel año, algunos labradores adquirieron los nuevos arados Bravant -el nombre me ha quedado para siempre en el recuerdo-, que habían sido premiados por su eficacia en la Exposición de París del año 1900. Yo, niño curioso, seguía por todo el campo al vigoroso arado de mi casa. Me gustaba ver cómo la enorme púa de acero abría un tajo en la tierra, tajo del que brotaban raíces en lugar de sangre. Una vez el arado se detuvo. Había tropezado en algo consistente. Un segundo más tarde, la hoja brillante de acero sacaba de la tierra un mosaico romano… Accadde nel 1906. La mia terra, terra di agricoltori, era sempre stata arata dai vecchi aratri di legno, che a malapena graffiavano la superficie. Quell’anno, invece, alcuni braccianti avevano acquistato i nuovi aratri Bravant - il nome mi è rimasto per sempre nel ricordo -, che erano stati premiati per la loro efficacia all’Esposizione di Parigi del 1900. Io, bambino curioso, seguivo dappertutto il vigoroso aratro di casa mia. Mi piaceva vedere come quell’enorme spina d’acciaio fendeva la terra, e come da quelle fenditure spuntassero radici al posto del sangue. Una volta l’aratro s’arrestò: aveva toccato qualcosa di consistente. Un secondo dopo, la brillante lama d’acciaio sollevava da terra un mosaico romano…