| Fue
por el año 1906. Mi tierra, tierra de agricultores, había
sido siempre arada por los viejos arados de madera, que apenas arañaban
la superficie. Y en aquel año, algunos labradores adquirieron los
nuevos arados Bravant -el nombre me ha quedado para siempre en el recuerdo-,
que habían sido premiados por su eficacia en la Exposición
de París del año 1900. Yo, niño curioso, seguía
por todo el campo al vigoroso arado de mi casa. Me gustaba ver cómo
la enorme púa de acero abría un tajo en la tierra, tajo del
que brotaban raíces en lugar de sangre. Una vez el arado se detuvo.
Había tropezado en algo consistente. Un segundo más tarde,
la hoja brillante de acero sacaba de la tierra un mosaico romano… |
Accadde nel 1906. La mia
terra, terra di agricoltori, era sempre stata arata dai vecchi aratri di
legno, che a malapena graffiavano la superficie. Quell’anno, invece, alcuni
braccianti avevano acquistato i nuovi aratri Bravant - il nome mi è
rimasto per sempre nel ricordo -, che erano stati premiati per la loro
efficacia all’Esposizione di Parigi del 1900. Io, bambino curioso, seguivo
dappertutto il vigoroso aratro di casa mia. Mi piaceva vedere come quell’enorme
spina d’acciaio fendeva la terra, e come da quelle fenditure spuntassero
radici al posto del sangue. Una volta l’aratro s’arrestò: aveva
toccato qualcosa di consistente. Un secondo dopo, la brillante lama d’acciaio
sollevava da terra un mosaico romano… |