| […]
¡Ay Harlem! ¡Ay Harlem! ¡Ay
Harlem!
¡No hay angustia comparable a
tus rojos oprimidos,
a tu sangre estremecida dentro del eclipse
oscuro,
a tu violencia granate sordomuda en
la penumbra,
a tu gran rey prisionero con un traje
de conserje!
[…]
¡Ay, Harlem disfrazada!
¡Ay, Harlem, amenazada por un
gentío de trajes sin cabeza!
Me llega tu rumor,
me llega tu rumor atravesando troncos
y ascensores,
a través de láminas grises,
donde flotan tus automóviles
cubiertos de dientes,
a través de los caballos muertos
y los crímenes diminutos,
a través de tu gran rey desesperado,
cuyas barbas llegan al mar.
[«El rey de Harlem»,
Poeta
en Nueva York, 1929] |
[…]
Ah, Harlem! Ah, Harlem! Ah, Harlem!
Non c’è angoscia comparabile
a quella dei tuoi rossi oppressi,
del tuo sangue rabbrividito dentro l’oscura
eclisse,
della tua violenza granata sordomuta
nella penombra,
del tuo grande re prigioniero con un
abito da portinaio!
[…]
Ah! Harlem travestita!
Ah! Harlem minacciata da una folla di
vestiti senza testa!
Mi giunge il tuo rumore,
mi giunge il tuo rumore attraverso tronchi
e ascensori,
attraverso lastre grigie
dove galleggiano le tue automobili coperte
di denti,
attraverso cavalli morti e delitti minuscoli,
attraverso il tuo grande re disperato
con la barba che arriva al mare. |