Durante
la sua visita in Chiapas [marzo 1998], qualche mese dopo la strage di Acteal,
José Saramago passa davanti a un mural dedicato all'Esercito Zapatista
di Liberazione Nazionale. Lo scrittore, che sarebbe stato proclamato Premio
Nobel per la letteratura qualche mese dopo, ha espresso le sue impressioni
dopo tale visita:
«He visto
el horror. No el que hemos observado en lugares como Bosnia o Argelia.
No. Éste es otro tipo de horror. Estuve en Acteal, en el mismo lugar
de la matanza... escuchando a los supervivientes. Es difícil expresar
lo que se siente cuando uno sabe que se encuentra con los pies sobre el
mismo lugar donde hace tres meses asesinaron a estas personas.
.
.
Me imaginaba la
escena... La gente tratando de escapar... los paramilitares disparando
a discreción... las mujeres y los niños gritando, huyendo
entre la maleza... el lamento de los heridos...
En Chiapas
se vive una situación de guerra o una ocupación militar,
que al final es casi lo mismo. No es una guerra en el sentido común,
con un frente y dos partes confrontadas. Yo nada más he visto una
parte confrontada: el Ejército y los paramilitares. La otra parte,
las comunidades indígenas, no están enfrentándolos,
no tienen medios. Están rodeados, no tienen comida ni agua... Viven
en condiciones infrahumanas. Son casi campos de concentración. No
los reunieron allí a la fuerza, es cierto, pero cuando huyeron a
esos lugares [si riferisce ai campi dei rifugiati] los rodearon los paramilitares
y el Ejército. Entonces esos campamentos se convirtieron en una
especie de campo de concentración.
Si alguna vez
hubo en la historia de la humanidad una guerra desigual, no la hubo nunca
como ésta. Es una guerra de desprecio, de desprecio hacia los indígenas.
El Gobierno esperaba que con el tiempo se ¡acabaran! todos, simplemente
eso.
"Me llevo
no sólo el recuerdo, me llevo la palabra misma... la palabra Chiapas
no faltará ni un solo día de mi vida".
Pero ellos
sobreviven, alimentándose de su propia dignidad. No tienen nada,
pero lo son todo. Enfrentan la guerra con ese estoicismo que me impresionó
tanto, un estoicismo casi sobrehumano que no aprendieron en la universidad,
que consiguieron tras siglos de humillación. Han sufrido como ninguno
y mantienen esa fuerza interior, una fuerza que se expresa con la mirada...
La mirada de ese niño al que le han destrozado para siempre la vida...
[Saramago aveva conosciuto il bambino di quattro anni Gerónimo Vázquez
al quale i paramilitari avevano imputato quattro dita ad Acteal].
Es algo que no
se me borrará jamás de la memoria... Las miradas serias,
severas, recogidas de las mujeres, de los hombres... son algo que está
por encima de todo. Los indígenas no tienen nada, pero lo son todo.
¿Cómo es posible que después de tanto sufrimiento
ese mundo indio mantenga una esperanza? ¿Cómo puede sonreír
ese hombre de Polhó que nos acaba de decir "mañana puede
que nos maten a todos, pero bueno, aquí estamos"? Es algo que no
alcanzo a entender.
En Chiapas
encontré un mundo que no comprendo. El mundo indio es un mundo donde
el europeo no puede entrar fácilmente. Es como si me asomara a una
ventana que da a otro mundo y, aunque lo tengo enfrente, no lo puedo entender.
También
descubrí otra realidad, la de un territorio ocupado militarmente.
Un territorio donde los Ejército son la uña y la carne juntas.
Por una razón muy sencilla: de no ser así, los paramilitares
no podrían haber hecho lo que hicieron y lo que siguen haciendo.
Yo vi camiones del Ejército transportando a civiles que seguro no
viajaban allí por la amabilidad de los militares. Minutos después
de que abandonáramos Acteal hubo un acto de intimidación
e hicieron hasta 30 disparos al aire. Esto sólo puede ocurrir si
el Ejército da su bendición. Nada más fácil
para el Ejército que identificar a los paramilitares y desarmarlos.
Me parece esquizofrénico
que el Congreso pueda estar debatiendo una ley [un progetto di legge sull'autonomia
del popolo del Chiapas proposto dall'esecutivo] supuestamente para resolver
los problemas de las comunidades indígenas, como si fuera una ley
normal, en situaciones normales para objetivos consensuados, cuando al
mismo tiempo hay miles de desplazados que no pueden volver a sus tierras,
con miedo a ser asesinados, mientras hay una ocupación militar clara
en el territorio de Chiapas. Y mientras los paramilitares se pasean tranquilamente
y hacen lo que quieren.
¿Cómo
es que no se empieza por pacificar la situación para después
discutir una ley donde participen todos los sectores y todas las comunidades?
Todo se ha
hecho sometiendo a los indios de Chiapas a una presión incalificable
y esto no puede llamarse humanidad.
El pueblo de
México tiene que reclamar a su Gobierno una paz justa y digna. Yo
no puedo, sólo soy extranjero acusado de injerencia. El pueblo mexicano
no puede quedarse parado, dejando que los gobernantes lo decidan todo,
hay que bajar a la calle... no estoy pidiendo un levantamiento sino simplemente
que las conciencias se manifiesten... estoy pidiendo una insurrección
moral, desarmada, étnica...
Acteal es un
lugar de la memoria que no puede de ninguna manera desaparecer. Sabemos
lo que ocurrió y no lo queremos olvidar. Chiapas es el cuerpo de
México. La sociedad civil debería admirar no sólo
a los indios sino a los que se levantaron para defender a esos mismos indígenas.
De Chiapas
me llevo no sólo el recuerdo, me llevo la palabra misma... Chiapas...
La palabra Chiapas no faltará ni un solo día de mi vida.
Si tenemos conciencia pero no la usamos para acercarnos al sufrimiento
¿de qué nos sirve la conciencia? Volveré a Chiapas,
volveré».
[Dichiarazione
rilasciata al periodico "La revista" da José Saramago in Messico
in occasione del suo viaggio in Chiapas del 14 e 15 marzo 1998. Nel corso
della sua visita Saramago ebbe conversazioni con i sopravvissuti alla strage
di Acteal, andò quindi al campo dei rifugiati di Polhó e
all'accampamento militare di Majmout.]
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